Por Enrique Santiago y Fran PerezIzquierda Unida se encuentra sumida en una grave crisis política y organizativa que amenaza la viabilidad del proyecto para el cual nació, proyecto que no era otro que ser el espacio de convergencia política y social de las ideas y los activistas que defienden un modelo social alternativo al del capitalismo neoliberal, globalizador y deshumanizado que nos quieren presentar como única alternativa viable de modelo de sociedad. La vocación de IU ha sido representar ante la sociedad española una alternativa posible de sociedad humanizada, respetuosa con todos los derechos humanos de todos los ciudadanos y que trabaja para garantizar a estos el pleno disfrute de dichos derechos, defensora de los valores colectivos frente al individualismo y la insolidaridad, y convencida de querer ser el espacio natural de convergencia entre los movimientos y reivindicaciones sociales y la necesaria expresión política –alternativa y transformadora- de dichos movimientos y reivindicaciones sociales.
Sin embargo, IU no ha sabido o no ha podido articular un discurso político que fuera reconocido por buena parte de los ciudadanos de izquierda de este país como útil y posible de ser llevado a cabo, no ha sabido ofrecer estrategias de cambio y transformación social en las que los ciudadanos reconocieran una oportunidad de avanzar en el pleno cumplimiento de los derechos sociales reconocidos formalmente en la Constitución, como el empleo digno, el derecho a una vivienda, el fin del "cieneurismo", la protección social efectiva de los sectores más vulnerables como son los ciudadanos dependientes, los pensionistas, los trabajadores que cobran el salario mínimo, las familias monoparentales…
El hundimiento de IU y la práctica desaparición de su capacidad de incidencia política en el Parlamento está ya facilitando al Partido Socialista un giro aún más conservador en su política económica, una política social y fiscal aún menos redistributiva, su acercamiento a las fuerzas del nacionalismo conservador (o al PP llegado el caso) para pactar los grandes asuntos de Estado. Y también una política internacional más dependiente y supeditada a los intereses norteamericanos (permanencia en Afganistán o aceptación de facto de la independencia de Kosovo), especialmente en América Latina, donde nuestro país previsiblemente adoptará posiciones aún más confrontadas con los procesos de cambios políticos y sociales de progreso que se están produciendo en cada vez más países de esta región, anteponiendo los intereses del capital transnacional de matriz española frente a los de los pueblos latinoamericanos aún inmersos en el subdesarrollo social y económico a pesar de las inmensas riquezas naturales de esos países.
No cabe duda de que el actual sistema electoral es injusto, pero este factor por sí solo no justifica nuestro actual hundimiento. Con el mismo sistema electoral, Izquierda Unida obtuvo dos decenas de escaños en el Parlamento no hace tanto tiempo. La mayor parte de la responsabilidad de este descenso corresponde, sin duda y en sentido amplio, a la actual dirección de IU, que no sabido ni articular un discurso identificable como útil y de progreso por buena parte de la ciudadanía, ni tampoco pacificar internamente la organización para tener la "herramienta política" en las mejores condiciones para ir avanzando posiciones en el escenario político actual.
Sin embargo, las causas de este desastre sin paliativos no pueden situarse únicamente en los errores de la actual cúpula dirigente de IU, respecto a la cual, por cierto, muchos integrantes de primera línea ahora no se identifican ni reconocen, abjurando de su permanente presencia en la misma. Todos somos responsables en cierta medida. El descalabro actual no ha sido más que el resultado de una línea descendente continua en los resultados electorales iniciada después de 1996, perdiendo en cada elección general en torno a 300.000 votos, los mismos que se han perdido en las elecciones del 9 de marzo, aunque ahora esa pérdida haya supuesto la práctica desaparición parlamentaria de IU a consecuencia de un sistema electoral perfectamente diseñado para perjudicar en especial a la izquierda transformadora de este país.
Todos somos responsables de haber aceptado la conversión de IU, desde el movimiento político y social originario que era, en una mala copia de un partido político clásico con todos los vicios de "aparato" concentrados. Todos hemos aceptado en la práctica la sustitución de la síntesis dialéctica o el consenso como forma de toma de decisiones por la confrontación permanente entre mayorías y minorías, entre distintas familias políticas que en muchos casos han defendido con más pasión su estatus e intereses personales (económicos y laborales incluidos) que políticas realmente de izquierdas y comprometidas con el cambio social.
Todos somos responsables de aceptar dedicar más del 80% de nuestro tiempo de militancia a la discusión interiorizada, a la "fontanería organizativa" y al diseño de sistemas de representación internos aún más injustos que la ley electoral española, dejando sólo para el trabajo político en la calle, en los movimientos sociales, entre los ciudadanos, apenas el 20% de la fuerza militante de nuestra organización. Todos hemos aceptado, aunque en esto evidentemente tienen mayor responsabilidad quienes ocupaban la dirección y por tanto tenían que velar por la legalidad interna, la desaparición o anulación de las normas de convivencia internas y la utilización espúrea y maniquea de las mismas en beneficio propio: exclusiones injustificadas, expulsiones sistemáticas, negativa a cumplir los acuerdos de órganos o comisiones de garantías que pretendían solventar conflictos internos.
No podemos obviar que en el núcleo del actual fracaso electoral se encuentra nuestra incapacidad para construir y difundir un discurso político propio y diferenciado del de el resto de fuerzas políticas españolas que defienden, con mayores o menores matices, la idoneidad del sistema capitalista como sistema regulador de la vida social y económica en el planeta.
Lo anterior, sumado a un funcionamiento cada vez más burocratizado e interiorizado, abandonando el vínculo de trabajo con los movimientos sociales que suponían las áreas de elaboración colectiva de IU, renunciando a esta ultima como herramienta de vinculación natural de las reivindicaciones sociales a nuestro proyecto, se ha revelado como factor determinante para caer en el precipicio político en el que ahora nos encontramos.
En definitiva, Izquierda Unida, y por extensión la izquierda transformadora y alternativa española, se encuentra ante el fin de un ciclo político que se constata ante:
1.- La perdida por IU del carácter de único y claro referente de la izquierda transformadora para todos aquellos que en nuestro país se sienten parte de ese espacio.
2.- La perdida paulatina y sostenida de apoyo electoral a IU en cada convocatoria electoral ocurrida desde los últimos 10 año.
3.- La perdida de relación fluida entre IU y los movimientos sociales y sindicales, y la cada vez mayor dificultad para vincular a los anteriores a nuestro proyecto.
4.- La perdida por IU de la consideración de referente ético entre buena parte de nuestro potencial electorado y sectores de activistas sociales, políticos y sindicales objetivamente identificados con el programa estratégico que decimos defender.
De cómo abordemos las tareas políticas inmediatas e imprescindibles para revertir la actual situación dependerá que ese fin de ciclo pueda convertirse en el punto de partida y refundación de un nuevo proyecto capaz de ocupar el espacio político de transformaciones que nos demandan, entre otros acuciantes motivos, la objetiva existencia de mas de 9 millones de pobres en nuestro país (Barómetro Social 2008) y el constante crecimiento de la pobreza y la exclusión.
La próxima Asamblea Federal no va a ser el final de este proceso de reconstrucción de Izquierda Unida, sino que debería convertirse en el inicio de dicho proceso, en el inicio del proceso refundador de la izquierda transformadora representada hoy por IU. Debe, por tanto, ser un proceso de unidad y cohesión ante todo, en el que todos seamos capaces de aparcar mediocridades y mezquindades, inquinas personales incluidas, y crear un nuevo clima de trabajo basado en la confianza y lealtad mutua entre todos los militantes y dirigentes, que para eso somos compañeros de proyecto político y nunca enemigos, ni siquiera adversarios.
Es fundamental garantizar que se escuche la palabra y la voz de la militancia de IU, especialmente de la que todavía no está "contaminada" por su participación en las guerras cainitas que hemos vivido en los distintos órganos de dirección. IU debe ser una fuerza política mucho más participada por su militancia y donde el peso de los dirigentes disminuya frente al peso de los militantes, tanto en la próxima Asamblea Federal como en el futuro funcionamiento de todos los órganos de dirección.
Sería muy aconsejable una profunda renovación de los equipos dirigentes tanto federal como de las federaciones, dando paso a nuevos equipos renovados, con credibilidad interna y social, y en mejores condiciones por tanto para encarar la reconstrucción del proyecto de la izquierda transformadora española, proyecto que sigue siendo IU. Esta renovación es imprescindible para desterrar las simplistas, vacuas y escasamente autocríticas soluciones “gatopardianas” surgidas desde los mismos núcleos de apartaos internos directamente responsables del actual desastre y que ahora, cínica y cobardemente, pretenden hacer creer a la militancia y la sociedad que la responsabilidad de lo ocurrido debe atribuirse únicamente a quien ha ocupado la coordinación general de IU.
IU debe ser el embrión de la recuperación política de la izquierda transformadora y anticapitalista española, sin descartar que al final de ese camino de la actual IU nazca una fuerza política diferente, un verdadero movimiento político y social con verdadera influencia política y capacidad de realizar los profundos cambios que nuestra sociedad demanda. Lo de menos entonces será la denominación de esa fuerza política.
Creemos ineludible comenzar el proceso de refundación de IU con la realización de una convocatoria abierta a militantes, simpatizantes, ex militantes que abandonaron IU por decisión propia o por decisiones arbitrarias de aparatos, activistas sociales y sindicales, jóvenes especialmente, para que participen en el proceso en igualdad e derechos, esto es, pudiendo participar plenamente y sin limitaciones en la próxima Asamblea Federal de IU. Hablamos sin duda de un nuevo proceso de convergencia política y social n torno al proyecto de IU
Esta refundación debería abordar un debate abierto sobre las siguientes propuestas programáticas definitorias de IU:
IU debe situarse claramente ante la sociedad como una fuerza que cuestiona el actual modelo de producción capitalista y de vida por ser no sostenible y ser pernicioso para la supervivencia del planeta. No es posible generalizar el sistema de bienestar social que disfrutamos en el Primer Mundo, basado en un consumo irresponsable, superfluo y excesivo, al resto del planeta sin antes cambiar las relaciones económicas y sustituir el "libre mercado" por un control público y social de la economía. No es posible salvo que conscientemente asumamos la destrucción de nuestro planeta y la pobreza estructural que afecta a las tres cuartas partes de la población mundial.
IU debe incorporara a su programa la plena consecución d e todos los derechos humanos reconocidos en las declaraciones internacionales, tanto en materia de derechos civiles y político, como económicos, sociales y derechos colectivos, también denominados d e”tercera generación”, como son los derechos colectivos de los pueblos, el derecho al disfrute de un medio ambiente sostenible, los derechos de os colectivos excluidos y de as minorías, etc
IU debe apostar claramente por la profundización democrática, por métodos participativos de ejercicio democrático para los ciudadanos, por la elegibilidad de todas las instituciones y poderes reales del Estado, incluyendo aquellos que nunca se han sometido al veredicto de las urnas, como es la Jefatura del Estado, el poder económico o el poder mediático.
IU debe exigir, y conseguir para los ciudadanos, el pleno cumplimiento de los derechos sociales contemplados por nuestra Constitución y por las declaraciones internacionales de derechos humanos. Ése debe ser el eje de nuestra política y condicionar cualquier posible política de alianzas, tanto en la calle como en las instituciones.
IU debe propugnar un Estado Republicano, Federal y Unitario, donde las tensiones nacionalistas desaparezcan al crearse un marco superador de las mismas en las que todos los ciudadanos se sientan libres y sean realmente iguales, consolidando así el sentimiento de pertenencia a un proyecto común de país que no puede ser otro que la III Republica española
Necesariamente el anterior debate político debe ir acompañado de una profunda reestructuración interna de las formas organizativas y las estructuras de participación política en nuestra organización:
IU debe ser refundada con todos los activistas de la izquierda transformadora que están hoy en nuestras filas y con todos aquellos que por hastío han ido abandonándolas. Igualmente, con todos aquellos que objetivamente deberían estar organizados en nuestras filas. Debemos abrirnos a nuevas incorporaciones y sobre todo a la reincorporación de todos aquellos compañeros y compañeras que por aburrimiento o frustración abandonaron nuestras filas en los últimos tiempos.
IU debe funcionar con base en la construcción de síntesis dialécticas o consensos como método de toma de decisiones, sin que ello signifique la `perdida de pluralidad interna sino todo lo contrario. Aprender a ganarantizar dicha pluralidad y que de esta surjan propuestas asumidas colectivamente. Debe ser una obligación incluso estatutaria, como único mecanismo que permita la desaparición de intereses personalistas y su sustitución por los intereses del colectivo. Igualmente, este método posibilitará que todos nos sintamos más o menos cómodos con los acuerdos adoptados por reflejarnos en ellos de alguna manera, a la vez que impedirá que cualquier acuerdo sea permanentemente cuestionado por quienes, en una dialéctica de mayorías y minorías, se sentirían perdedores de uno u otro debate.
IU debe funcionar de hecho como un movimiento político y social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes., con cauces internos que permitan la participación de los no militantes y de todos los militantes en sus órganos de dirección y en sus estructuras de elaboración programática. Debemos construir la convergencia de la izquierda real de este país con los movimientos sociales alternativos
IU debe recuperar la Elaboración Colectiva como seña de identidad y concreción de la alianza social en torno a objetivos, métodos y valores. Sin que los ciudadanos participen en la elaboración de las soluciones para sus problemas no habrá nunca conciencia de la realidad. La elaboración colectiva entendida como mecanismo de participación democrática de los ciudadanos en las decisiones de IU
IU es una fuerza política de carácter federal, dado que nuestra concepción del Estado no significa otra cosa que otra forma de concebir el acuerdo de un Estado unitario que busca su cohesión desde el consenso el acuerdo, la atribución clara de competencias, funciones y responsabilidades. La federalidad es un reconocimiento a la diversidad en el marco de una visión común del necesario proceso de transformación social.
IU debe ser una organización donde prime el respeto a la legalidad interna, algo inherente a una fuerza política que se pretenda democrática y que por tanto guía sus actuaciones internas y su funcionamiento dentro del escrupuloso respeto de sus normas de convivencia y derechos de todos sus militantes. La salvaguarda de la legalidad interna representada por las normas de convivencia y funcionamiento son la única fuente de legitimidad de las estructuras de dirección.
IU no necesita un coordinador o coordinadora general en este periodo, al menos hasta que el proyecto se haya revitalizado, máxime sabiendo que hasta dentro de tres años no afrontaremos el primero de los grandes retos electorales futuros: las elecciones municipales y autonómicas. Parece conveniente apostar por un órgano de coordinación colectivo –y no solo por una dirección colectiva y colegiada- que asuma las tareas de la coordinación general, al menos durante un periodo prudencial que concluya, más o menos en un año, en otra Asamblea Federal que evalúe el proceso de refundación emprendido. De esta forma, evitaríamos que la próxima Asamblea se convirtiera en una mera disputa de "familias" por la coordinación general.
IU debe dotarse de nuevas formas de funcionamiento y elección a sus estructuras de dirección, evitando que estas y quienes las componen, una vez elegidos, se sustraigan al mandato recibido de las bases que los eligieron. Introduzcamos mecanismos de control, por la militancia de las actuaciones y cumplimiento de mandatos por parte de los miembros de los consejos de dirección, haciendo imperativa la democracia participativa y la posibilidad de revocación de aquellos dirigentes que se sustraigan al mandato con el que fueron elegidos. Proponemos órganos donde los integrantes elegidos nominalmente no representen mas que un porcentaje reducido de sus miembros, correspondiendo el mayor porcentaje de miembros a aquellos elegidos en representación de asambleas de base y por tanto susceptibles de ser sustituidos o conformados en sus responsabilidades constantemente. Debe igualmente garantizarse la posible participación en los distintos consejos de dirección de cualquier militante o activista vinculado a IU.
Proponemos la celebración anual de una Asamblea Federal, durante un periodo prudencial que permita ir evaluando el proceso de refundación y adoptando los cambios de estrategia necesarios en cada momento para mejor conseguir los objetivos propuestos. Posibilitemos asambleas federales abiertas a la participación de toda la militancia o al menos a mayor numero posible de esta.
Es imprescindible desterrar la dinámica de "mayorías" frente a minorías. Sólo la cohesión y la síntesis dialéctica o el consenso nos permitirán salir de esa situación y reconstituir una herramienta fuerte para operar las transformaciones sociales en las que creemos y que por cierto están realizándose en otros pueblos, muchos de ellos cultural e históricamente muy cercanos a nosotros. Sería un error apostar por una "nueva mayoría" en un momento de excepcionalidad como éste. La única mayoría posible es la que aglutine a prácticamente el 100% de la militancia, fundada en ideas y estrategias construidas de forma dialéctica por toda IU.
La primera fase de la refundación de IU deberá cerrarse con una Asamblea Federal donde se adopten la mayoría de las medidas necesarias para operar los cambios internos, de funcionamiento y programáticos aquí propuestos. La segunda fase de a refundación dará comienzo una vez cerrada esta primera Asamblea Federal, y tendrá como objetivo primordial ejecutar la reestructuración interna y externa necesaria para lograr la viabilidad del proyecto de izquierda transformadora que necesita nuestro país.
Leer más…